Las ciudades -sobre todo en Europa- toman cada vez más medidas contra los turistas. Venecia (Italia), por ejemplo, planea prohibir el acceso a algunos grandes buques de pasajeros. Barcelona (España) ha impuesto restricciones al alquiler de apartamentos. El problema al que estas ciudades dicen enfrentarse es el «sobreturismo», es decir, la llegada de demasiados turistas a la vez.
Jonathan Keates es el presidente de Venice In Peril Fund, un grupo de ayuda y activismo. Dice que demasiada gente abarrota los paseos y canales de Venecia, interfiriendo en lo que él llama una «ciudad aún viva».
Taleb Rifai es el Secretario General de la Organización Mundial del Turismo de las Naciones Unidas (OMT). Recientemente se dirigió a los ministros de turismo en el World Travel Market de Londres. Dijo que el auge de eslóganes como «turistas, a casa» y «los turistas son terroristas» era «una llamada de atención».
El enfado con el turismo podría seguir creciendo, ya que cada año viaja más gente. La OMT calcula que los turistas realizarán 1.800 millones de viajes en 2030, frente a los 1.200 millones de 2016.
Los billetes de avión de bajo coste están ayudando a impulsar el crecimiento de las cifras de turismo, junto con el aumento de los viajes desde China.
Sin embargo, muchos lugares dependen del turismo para generar empleo y riqueza. Alrededor del 10% del producto interior bruto (PIB) mundial procede del turismo.
Taleb Rifai dijo que el crecimiento no es «el enemigo». Pero afirmó que el turismo debe hacerse «sostenible y responsable» para ayudar a las comunidades locales.
Algunas ciudades y países ya están tomando medidas para solucionar este problema. Por ejemplo, la ciudad croata de Dubrovnik se plantea permitir sólo 4.000 visitantes diarios debido a que los visitantes han inundado la ciudad del mar Adriático desde que se utilizó como escenario de la serie de televisión «Juego de Tronos». Otro ejemplo sería Ecuador, que ahora sólo permite 100.000 visitantes al año en las islas Galápagos.
Otras ciudades están instando a los turistas a visitar zonas menos famosas. Praga, por ejemplo, tiene un programa turístico «fuera de las rutas habituales». Londres está promocionando barrios menos masificados como Greenwich y Richmond.
Tim Fairhurst dirige la planificación y la política de la Asociación Europea de Turismo. Afirma que las empresas no quieren llevar a sus clientes a lugares donde se les trata como si no fueran bienvenidos.
Dijo que medidas sencillas pueden marcar la diferencia, como cambiar los horarios de apertura o aumentar las plazas de aparcamiento.
Ejercicios
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